Una mesa de centro es historia y cultura del mundo.
Sí, la mesa de centro de tu salón es la fusión de tres culturas: japonesa, árabe y británica. Cada una de estas tres culturas tuvo una mesa destinada a ocupar un sitio en el salón, cerca de sitos muy confortables para sentarse. Históricamente, los primeros antecedentes de mesas de centro que conocemos en Europa son de 1750, cuando tomar el té se puso de moda entre la burguesía, que lo copió de la alta sociedad de la época. Estas primeras mesas, todavía eran altas y estaban formadas por tres patas que se unían en un pilar de casi un metro que sujetaba un tablero redondo. Sobre 1780, el diseño alto de estas mesas fue sustituido por mesas más bajas que solían colocarse cerca del sofá. Esto llevó a cambiar la forma de las mesas, para que desde el respaldo del sofá se alcanzase las tazas de té.
En Gran Bretaña, el diseño se fue haciendo cada vez más bajo y alargado, hasta tomar la forma rectangular. Este diseño ya se podía ver en las mesas japonesas, muy utilizadas tanto para comer como tomar el té. La reducción gradual de su altura para simplificar su uso desde el sofá, se tomó de la cultura árabe. Más concretamente, del Imperio Otomano, dónde se comía, bebía y discutía en grupo desde los sofás y con una pequeña mesa entre estos para depositar la shisha o cachimba. La influencia japonesa en este tipo de mobiliario es fácilmente reconocible por cambios en el diseño de las mesas de centro británicas, que tomaron la altura y longitud ya perfeccionada por los asiáticos y las instauraron en Europa.
Durante el Siglo XX, donde las mesas de centro se han hecho increíblemente populares, se han creado muchísimas variaciones. Se ha jugado con las patas, los tableros e incluso añadido cajones y demás características muy normalizadas hoy, pero que en pleno Siglo XVIII parecerían poco menos que inventos extraterrestres.
